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domingo, 29 de mayo de 2011

Episodio 10 - Camino de Reyes

Buenas tardes a todos amigos y amigas ^^

¿Cómo va?

Me he retrasado unos días más de lo que pensaba porque me ha salido un 'trabajillo extra' con lo que ganar una mijilla. Pero la mitad del episodio ya lo tenía desde la semana pasada y anoche lo terminé. ^^

Así que os dejo con él.
Diría que es larguillo pero muchos que han leído episodios que yo veo largos, han dicho que se les ha hecho cortos, (risas). Espero que este sea igual de interesante y emocionante para que se os haga corto. xD

Cuidaos mucho. ^^


{Battle War}


"– ¡Maldición! ¡Esto no estaba previsto!
– ¡Resistir como sea!
– ¡¿Cómo?! ¡No podemos hacer nada!
– ¡Nos llevan mucha ventaja! ¡Es sólo cuestión de tiempo!
– ¡Y lo más importante, estamos rodeados!
– ¡Pero perder aquí es inadmisible!
El puente Thairoths estaba viviendo una batalla entre un escuadrón de soldados reales y el pequeño ejército del Grupo.
Los soldados reales fueron atacados por sorpresa en el puente y cerca de él, acorralados, sin poder ir hacia ninguna dirección a menos que lograsen derrotar al Grupo. Sin embargo, y sorpresa para muchos, ellos estaban ganando terreno sin apenas tener pérdidas. No podían creer que el resultado que estaban obteniendo, comparándolo con el de la anterior batalla, fuera tan diferente.
Había un pequeño grupo en el puente que no podía avanzar al sur porque muchos de sus compañeros estaban delante enfrentándose al Grupo como única opción posible; y tampoco podían retroceder porque el mismo Grupo estaba al otro lado del puente impidiéndolo. Si los soldados reales corrían para retroceder en tropel y volver a Kwon Ryu con la posibilidad de sobrepasar sus pocos enemigos, dejaban sin cubrir sus espaldas con el riesgo de ser atacados por el resto de ellos.
Pronto el capataz Arkabeko silbó dando una señal. Al otro lado del puente, en la parte norte, se presentó Danka prendiendo fuego a dicha construcción de madera. Los soldados que aún estaban sobre ella corrieron como pudieron empujando a sus camaradas mientras muchos de ellos caían al río Ayrost. Una gran humareda empezó a subir al cielo y aquella madera que tantos pies vio pasar, se estaba quemando y con ello empezó a quebrarse y lo que eran pequeños trozos cayendo, acabaron por ser más grandes.
Los miembros del grupo que quedaron en la parte norte se dirigieron río arriba hasta dar con tablas de madera que prepararon para la ocasión y pasaron el río sin problema al mismo tiempo que sus compañeros echaban al agua al resto de soldados cantando victoria.

Rápido todos se esparcieron para volver a su guarida.

– ¡Jajaja, esta batalla nos ha salido perfecta gracias al gordo! –decía Amibe con éxtasi ya en la villa.
– ¿Es eso un halago, enano? –Danka simulaba no estar algo sonrojado por los vítores que lanzaban compañeros del Grupo.
– ¡Danka, Danka, el fuego de Danka es el mejor!
– Ademá’, cerdo, sin el puente no pueden hacer na’. Si no lo reconstruyen, no enviarán má’ escuadrone’ abe o no.

Y así, Erkaitz se mantenía en la distancia viendo cómo disfrutaban de su primera victoria. En cambio, él no parecía estar contento por ello. Estaba metido en sus pensamientos. Arkabeko, que andaba cerca, se dio cuenta y fue a preguntarle:
– Erkaitz ¿ocurre algo? ¿En qué pasado ha ido a parar tu mente?
Pero él no contestaba.
– No me digas que sigues rumiando sobre lo que hablamos el otro día…

[– ¡No debiste dejar nunca que ambos fueran a la guerra! –gritaba Erkaitz a su capataz Arkabeko.
– ¿Por qué te exaltas tanto?
– ¡¿Por qué?! ¡Esta batalla que hemos perdido han salido malparados Taiki y Tsuyo, sobretodo ella!
– Erkaitz… –Arkabeko suspiró. – Esto es una guerra, es normal que aquellos que luchen puedan acabar mal.
– ¡Pero! …
– Sabes tan bien como yo que no habría dejado así como así participar a chicos jóvenes. Pero ellos saben luchar y tienen ganas de ello. Entonces ¿qué problema hay? ¿Quién soy yo para impedir que hagan algo que sé que pueden lograr hacer? Además, no eres el único que pierde o ve en mal estado a seres queridos. Tenlo en cuenta. Si no eres capaz de entender estas cosas, quizá no estés calificado para participar en algo así.
– ……
– Sé que como líder, me responsabilizo de todos vosotros. Pero Tsuyo y Taiki son tu familia, así que tú eres más responsable de ellos que yo y yo no obligo a nadie a que se quede. Si tanto te preocupas por los chicos, será mejor que lo hables con ellos y les convenzas de que marchen de aquí. En todo caso, tú también. Es la mejor manera de que los tres estéis bien y no sufráis por este asunto.]

– Lo siento, señor Thlege…
– No te preocupes. Lo entiendo. Pero has de admitir que sin Tsuyo, esta última batalla no la habríamos ganado. Recuerda cuando vino al poco de nuestra conversación acabada de ser atendida.

[– Señor Arkabeko…
– ¡Tsuyo! ¡Tú qué haces aquí! ¡Deberías acabar de reposar!
– Lo sé, Erkaitz, pero tenía un impulso de venir aquí para notificar algo al señor Arkabeko.
– ¿De qué se trata, Tsuyo?
– Llevaba pensando largo rato… ¿Por qué no les atacamos mientras crucen el puente?
Ambos se sorprendieron.
– Como Goei que soy, siempre me han mencionado la importancia del puente Thairoths y que en tiempos de guerra, Kwon Ryu queda mayormente resguardada ya que pasar el puente no es fácil y menos si tienen soldados preparados. Sé que somos un ejército demasiado pequeño para combatirles en Kwon Ryu y además se darían cuenta y harían lo posible para que no pasáramos, pero ¿y si atacamos por sorpresa a uno de sus escuadrones mientras pasen el puente? Tiene una anchura como para que de lado a lado quepan unas cincuenta personas unas al lado de otras. El número se reduce un poco con el caminar y más si pasan por el puente preparados para combatir por el espacio que se necesita para ir desahogados. Es muy probable que al pasar el escuadrón sin saber que van a ser atacados lo haga caminando y se haga más fácil el ataque.
– Tsuyo, cómo… –Arkabeko no daba crédito pero Erkaitz se hizo una idea.
– ¿Fue Benjamin quien te enseñó sobre estos detalles del puente?
Tsuyo asintió.
– Pero para que nadie huya en el ataque, deberíamos acorralarles en ambos puntos del puente. –terminó Tsuyo.
– Me has dejado estupefacto, Tsuyo. –Arkabeko se sentía orgulloso. – Sin embargo, es peligroso que un pequeño número se quede en la parte del norte. Aunque pudiéramos lidiar con el escuadrón en el puente, cabe el riesgo de que lleguen refuerzos desde el norte y los nuestros estarían en apuros. Pero… –miró hacia otro lado pensativo y seguidamente se volvió sonriendo. – Pero me acabas de dar una gran idea. La mejor forma de que nadie al otro lado del río Ayrost sea herido, es impedir que todo soldado pase.]

– Señor Thlege… No negaré que Tsuyo estuvo brillante gracias a los consejos de mi buen amigo Benjamin, pero no se detendrán por un puente. Basta con que reconstruyan otro… Así que sólo hemos alargado la situación en realidad, paz momentánea. Aún así, si se esmeran en pasar, aunque sea uno a uno, se bastarán con una gran tabla de madera como la nuestra.
– Tienes razón. Pero confío en que ellos hagan bien la faena.
– ¿A qué se refiere?
– Dejé allí un pequeño grupo de los nuestros para que vigilasen la zona del puente y procuraran que no se reconstruyera de nuevo. Sé que eso aún alarga más el asunto, pero confío en que Borja, cansado, dé la cara y se rinda.
– ¿Así sin más? ¿Usted cree?
– Lo único que sé es que si sólo pueden pasar por ahí y con el paso bloqueado, algo tiene que suceder y hay pocas opciones, ya que al oeste tienen toda una cordillera que les obliga a pasar el río como camino más fácil y en barco es poco probable porque salvo por el norte, todo es acantilado.


En sus aposentos estaba descansando sobre su lujoso y cómodo sillón. Mirando al techo y con una sonrisa de oreja a oreja, parecía gozar de la situación incluso a pesar de que uno de sus escuadrones fue atacado por sorpresa, vencido y con un importante puente desmoronado como obsequio.
Entró su consejero real tras picar la puerta y abrirla al no recibir respuesta alguna.
– Perdone… S-Su Majestad… Como no contestó, abrí la puerta…
Sin embargo, Borja ni le miró, echó unas risas pausadas.
– Esto… Reclaman su presencia en el cuarto de… estrategias…
Borja movió la cabeza con un golpe seco hacia abajo, mirando fijamente al consejero. Éste se asustó y sin moverse vio cómo su alteza Borja se levantaba del sillón y se dirigía hacia la puerta con la misma sonrisa y cara de satisfacción. Una vez a su lado, lo pasó de largo y marchó por el extenso y ancho pasillo. Era la primera vez que lo veía así; para el consejero, no era el Borja de siempre, parecía estar embrujado.

Entró a la sala sin cambiar un pequeño rasgo de su rostro.
– Su Majestad, al fin. Estábamos discutiendo sobre el posible paradero de estos miserables rebeldes.
Él no dijo nada. Se detuvo delante de la mesa con un mapa de Galyen rodeada de, lo que Borja denominaría, un puñado de insignificantes seres a los que manejar para sus proyectos. Fernan también se hallaba en la sala.
– ¿Su Majestad? ¿Le ocurre algo?
– ¿Cómo puede estar contento con este último resultado?
Y sin que nadie entendiese porqué, Borja empezó a reír con fuertes carcajadas.
– ¡¡JAJAJAJAJAJAJA!! ¡¡¡Aaayyy, que me desternillo!!!
– ¿Su… Majestad? ……
– Teniendo a esta panda de rebeldes todo cambia y me da más razones para hacer todo lo que hago. Teniendo a un enemigo al que combatir sólo es cuestión de que el pueblo vea que ellos son los problemáticos y nosotros a los únicos en quien confiar. Si ese estúpido viejo se piensa que va a salirse con la suya por derruir un puentecito, no sabe con quién se enfrenta. Este acto suyo, destrozar el puente y atacar a soldados que tan sólo patrullaban sin estar listos para la batalla, puede considerarse como un acto terrorista ¿o debería decir otro de sus actos? Jajajajaja.
– Ese ‘viejo’ era el mejor amigo de su fallecido tío, Su Majestad.
– Eso no cambia nada. De hecho me han notificado que los últimos años se desentendió de Thoelm VII. Perfectamente puedo decir que tuvieron una fuerte discusión por cómo mandar en el trono y rompieron su amistad. Y durante estos años ese viejo ha estado planeando cómo hacerse con el trono dejando ver su cara ahora. ¿A quién va a creer el pueblo? ¿A mí o a ese viejo que irrumpe la paz de Galyen y que tiene además con él los famosos Goei traidores? Jajajajaja.
Hubo un profundo silencio.
– ¿Y bien? ¿No queríais comentarme nada sobre ellos?
– S-Sí. Estábamos revisando las batallas que hemos tenido hasta ahora con ellos. Fijaos. –señalaba en el mapa con su índice. – Todas las batallas se han hecho en el sur de Galyen, por lo que deducimos que su escondite anda por ahí. Pero es difícil saber su paradero. Las dos primeras veces nunca han sido en un mismo punto ni una misma dirección. Es más, son capaces de rodearnos. La primera vez nos pilló por sorpresa y empatamos, aunque más bien se retiraron; la segunda, suponiendo que harían lo mismo, logramos vencerles con éxito. Ésta última nos pillaron desprevenidos pero siempre al marchar se esparcen por todos lados del sur, incluso tomando dirección a la pobre Sereyad. Hemos estado mirando tanto allí como en Lim’nijwe incluso en Boskatj sin rastro de ellos. Por supuesto hemos mirado en pueblos del norte por si las moscas, pero todo está en orden por aquí.
– Eso está clarinete ¿no? –Borja mostraba tranquilidad. – Si no están en ningún pueblo o ciudad importantes y habitables, deben estar en pueblos muertos. Galyen tiene muchos de ellos.
– Son demasiados como para investigar a fondo uno por uno. ¿Y si estuvieran en varios y por eso son capaces de venir desde tantos sitios diferentes?
– Pues os doy permiso para prenderles fuego a todos ellos.
Todos quedaron anonadados.
– ¡¡Su Majestad!!
– ¿Qué pasa? ¿No se queja Galyen de todo pueblo muerto que hay? Pues prenderles fuego. La mejor manera de acabar con la peste es aniquilando todas las ratas. Y así seguro que todo acabará purificándose y podremos construir pueblos y ciudades nuevas que alberguen esperanzas y hagan de Galyen un lugar más bello y seguro. Sin los pueblos muertos, nadie tiene porqué temer de su seguridad.
Nadie se atrevió a decir nada. Era el primer monarca de Galyen que se osó a sentenciar tal cosa. Seguidamente entraron Jasón y Alaya que escucharon todo.
– Si nadie se anima a ir, nosotros os haremos el favor, Majestad.
– Vosotros. Suena la mar de interesante. Seguro que no me defraudáis.
– Juju, tenlo por hecho. Soportamos esos ‘pueblos’ tanto o menos que usted.
– Me gusta. –se volvió a los hombres de la mesa. – ¿Algo más que hablar?
– En realidad sí… No podremos hacer nada si no disponemos de un puente por el que cruzar, Su Majestad.
– Fácil, construid uno nuevo.
– ¿De qué tipo de madera lo querría?
– ¿Madera? ¿Me tomas por idiota? Paso de correr el riesgo de que vuelva a arder. Lo haremos de la mejor piedra que haya. Además, el río es demasiado largo para que sólo haya un triste puente ¿no? Poned dos o tres más a lo largo del río. Los que veáis necesarios.
– Esto… No todo el terreno del río es viable para construir puentes de tal calibre, pero puede que uno más sí se pueda. El problema es su precio, Su Majestad. –se le acercó y le susurró al oído. Borja saltó.
– ¡¿Tanto?! –se quedó pensando unos momentos. – Pues nada, subamos los impuestos del pueblo. Como muchos ya no tienen que gastarse en Goei, en algo tienen que hacerlo. Dad la noticia. Si no les gusta se siente, que aquí nos dejamos la piel para restaurar el reino. Si no quieren pagar cada vez más, será mejor que el ejército rebelde deje de hacer destrozos, jajajaja.


Pasaron unos pocos días cuando a Borja le hicieron llegar una carta.
– ¿Una carta personal para mí y urgente? No será ese viejo como la otra vez ¿no? A ver qué dice…
A medida que leía, su rostro se iba tornando incrédulo.
– No puede ser ¿qué es esto? ¿Una broma macabra? ¡Tú, quién te ha dado la carta!
– Pues un hombre normal y corriente mencionando que una persona encapuchada se la dio y que era urgente que se la diera a su alteza real.
– Así que tenemos a una persona tímida eh… Esto promete.
Se dirigió aprisa a ver a Fernan para comentarle y enseñarle la carta.
– ¿Qué piensas de esto querido Fernan? Si fuera mentira sería para degollar al gracioso que la ha enviado, pero si es verdad…
– No hay de qué preocuparse. Creo que es el momento de dar un buen golpe, y con ‘eso’ tenemos más probabilidades de salir ganando. Además, tras los pequeños incidentes queriendo reconstruir el puente donde estaba el otro, hemos adquirido un pequeño aliciente que no les gustará nada. No importa si eso es verdad o mentira aunque nada me gustaría más que la verdad. Pero de ser mentira no pasará nada porque igualmente vamos a acabar con todos. Si me permite, iré a decirles a ellos que se pongan en marcha, que ya les toca.

David iba junto a Sasarai algo apurado tras la conversación que les dio Fernan hacía relativamente poco.
– Señor Sasarai ¿está seguro?
– ¿Seguro de qué, estimado Dios? No es algo que podamos plantearnos. Si queremos hacernos con la Runa Verdadera, tenemos que tragar.
– Ya, pero… ¿es necesario que vayamos con nuestras tropas a destruir pueblos muertos?
– Necesario, no. Pero es una orden de alguien que tarde o temprano se hará con la runa y lo que vamos a hacer es para hallarla. Deberíamos confiar en que diéramos nosotros con la runa antes que ellos. Así terminaría todo, pero…
– ¿Pero?
– Llevo un largo tiempo pensando… el día que noté una Runa Verdadera cerca en Lim’nijwe, noté también otra. Una de ellas lleva tiempo escondida, pero la otra deambula a sus anchas… Puede que sea él…
– ¿Él? ¿Se refiere a…?
– Sí, no hay otro. Tendremos que llevar mucho cuidado; es muy peligroso.


Pronto en la villa-guarida del Grupo, empezaron a notar, a través del pueblo, los hilos que empezó a mover Borja. Todos se vieron incapaces de reclutar a nadie más. Ni tan siquiera pudieron comentar con nadie de fuera, y a solas, sobre el asunto sin que la persona soltase palabras inadecuadas refiriéndose a ‘los rebeldes’. El tema empezaba a ser delicado hasta el punto que algunos integrantes del Grupo abandonaron porque tenían familiares en Galyen y sentían miedo por si pudiera pasar algo.
Cuando los ‘fieles’ al Grupo indagaron, vieron que uno de los principales temas por el que el pueblo estaba indignado era por los impuestos que Borja subía por cada destrozo que se hacía alegando que toda la culpa era de ‘los rebeldes’. Por si fuera poco, algunos anduvieron haciéndose pasar por miembros del Grupo para hacer fechorías en pueblos y ciudades para así ganarse más mala fama.
– Esto no puede seguir así. Sólo faltaba que el pueblo se ponga en nuestra contra de este modo. –protestaba Steve reunido con Arkabeko y Erkaitz.
– Realmente el detonante de esto ha sido el dinero. Si no nos hubiera echado las culpas de todo, el pueblo simplemente estaría indignado con la subida de los impuestos. –comentó éste último.
– Lo sé. –respondió Steve. – Está claro que Borja así ha querido que pasara esto. Pero el asunto está en cómo podríamos contrarrestarle. Aparte de poder encontrar los embusteros que han mancillado nuestro nombre. Señor Arkabeko…
– Está difícil la cosa… Cierto es que construcciones como el puente han sido demolidas por nuestra causa y no dejamos de tener una parte de culpa. Este joven rey está mostrando tener una mente más brillante de la que aparentaba tener. Pero sobre esas personas que se han hecho pasar por nosotros…
Justo cuando Arkabeko finalizó la frase, escucharon de repente cómo se acercaban rápidamente unos pasos hacia el cuarto secreto. Se abrió la puerta con brusquedad.
– ¡¡Señor Arkabeko!! ¡¡Venga rápido!! ¡¡Uno de los nuestros que vigilaba el puente ha vuelto y está malherido!!
Salieron veloces.
Una vez fuera vieron, rodeado de compañeros, al hombre arrodillado en el suelo con sus prendas maltrechas y manchadas de sangre, ahora seca.
– ¡¿Qué ha ocurrido?! –preguntó Arkabeko haciéndose cargo de su soldado.
– Señor… Hemos sido atacados por el ejército real… Y todos han fallecido…
Todos estaban alertados.
– ¿Cómo es posible eso?
– Empezaron de nuevo con las construcciones y descubrieron que nosotros impedíamos que avanzasen. Además, no contentos con ello, he sabido que están haciendo otro puente más y ambos son de piedra. Y lo peor de todo, han decidido quemar todo pueblo muerto para encontrarnos y hace días empezaron a enviar grandes tropas sobretodo por el oeste de Galyen.
Todos quedaron anonadados.
– ¿Estás seguro de eso? ¿Tanto como para jurármelo fuego en mano?
– Sí, señor ¿por qué iba a mentiros en una situación como esta?
– Libertad.
Todo quedó en silencio. El hombre no se esperaba que Arkabeko dijera de pronto la palabra ‘Libertad’ tan serio en aquellos momentos.
– Esto… ¿señor? ¿A qué viene eso?
– Sencillo. Llevo tomándote el pulso todo el rato y es bastante lento para la situación en la que se supone que te encuentras; de hecho ni sudas, que debería ser lo normal. En principio estás malherido pero no veo indicios de heridas, sólo sangre seca. Además ten en cuenta que le insisto mucho a mi gente con la higiene y que no llame la atención. Si has pasado así por pueblos para llegar hasta aquí, te has descuidado mucho. Y lo más importante, nadie aquí se olvida de la ‘clave’ que tiene que decir cuando otro le pronuncia ‘Libertad’. Di ¿eres un embustero, verdad? ¿Tú y otros habéis estado mancillando nuestro nombre, verdad?
A aquel hombre se le pusieron los ojos como platos; no sabía qué hacer hasta que Arkabeko le dio un puñetazo en pleno rostro.
– ¡¡AAH!! ¡¡Está bien, lo confieso!! ¡Soy un intruso y me he aprovechado de llevar este traje! ¡¡El Señor Fernan así lo quiso!!
– ¡¡¿Qué vamos a hacer ahora?!! –decían muchos algo nerviosos.
– Lo primero es lo primero. Ver si de verdad estaba siendo sincero. –Arkabeko mandó traer una antorcha prendida y una vez la tuvo, la acercó a las manos de aquel impostor. – ¿Es cierto que los nuestros han fallecido, construyen dos puentes de piedra y han mandado tropas para quemar pueblos muertos?
El intruso sentía cómo se le acercaba cada vez más el fuego a sus manos notando un calor cada vez más fuerte. Empezó a ponerse nervioso y a sudar. Así que antes de que sus manos sufrieran, con espanto, empezó a gritar confesando:
– ¡¡¡SÍ!! ¡¡DIJE LA VERDAD!! ¡¡TODO ES CIERTO, NO MIENTO, CREEDME!!
– Está bien. Respondes como cualquier otro simple bandido. Soldados, encerradle. En otro momento te haré confesar para que digas cómo sabías que nos escondíamos aquí.
El impostor tragaba saliva mientras era llevado por dos soldados.
– Señor Arkabeko…
El capataz vio en los ojos de muchos, preocupación, nerviosismo, aflicción, desorientación. Qué estaba pasando. Qué deberían hacer. Todos esperaban que él dijera algo.
– No hay de qué apurarse, amigos. Tenemos que estar preparados para todo como buenos guerreros. Ahora debemos enfrentarnos a la situación. Escuchad, enviaré un grupo a las tierras del oeste de Galyen para que podáis combatir con las tropas del rey. Iréis la mayoría, incluido los más fuertes. Somos menos que antes pero no podemos dejar que prendan fuego a toda Galyen. En los pueblos muertos sigue viviendo gente inocente. La principal misión es defenderlos. Luchar directamente contra el enemigo es arriesgado y si nos superan en número podría ser nuestra derrota. No quiero que os pase nada a nadie. Así que si la cosa se pone fea, volved aquí inmediatamente ¿entendido?
Todos asintieron.
– Steve, quiero que capitanees al grupo.
– ¿Yo?
– Sí. Tu runa puede ser muy útil en esta misión. Necesito que vayáis todos con buenas capacidades de ataque, de magia y de saber usar artimañas.
– Señor Thlege, si envía a toda persona importante, esta villa y nosotros mismos podemos correr peligro. –comentó Erkaitz.
– Que envíe a los más fuertes no significa que estemos solos. Pero gracias. Procuraré quedarme con algunos fichajes. Rápido, no hay tiempo que perder.

Y así fue cómo Steve en cabeza empezó a dirigir a todo un grupo hacia el oeste. Tenía con él varios amigos excepto Fuji, Mathius, Pietra, Sora y Taiki que se quedaron junto a Arkabeko y Erkaitz con un número considerable de soldados.

Mientras ellos se alejaban cada vez más, en la villa-guarida se estaban preparando por si también fueran atacados. Pero no había que olvidar el escondrijo. Por mucho que encontrasen la villa, no significaba que pudieran dar con el escondite que tenían para casos importantes y de emergencias.
Al día siguiente, Arkabeko fue para hacerle confesar al bandido, pero al llegar vio que no estaba. Había huido. Dio la alarma de buscar en la villa por si aún estaba escondido. Pero no dio señales. No paraba de preguntarse cómo pudo escapar pues era prácticamente imposible que llegase a hacerlo él sólo. Rápidamente puso más guardia en la villa. Ahora corrían más peligro que nunca pues tenían a uno que podría notificar a Borja su escondite. Mandó dos soldados para que le siguieran el rastro y dieran con él antes de que dijera nada.

{Win or Lose}


Pasaron unos días hasta que dieron con el primer pueblo muerto en la Gran Llanura Wostjin, pero se sorprendieron al ver una gran humareda negra a lo lejos.
– ¡¿Cómo?! ¡Ya han llegado y están actuando! –se alteraron los soldados.
– ¡Pues nosotros no seremos menos! –dijo Steve muy firme. – Soldados, dividámonos en tres grupos para esparcirnos por varios pueblos. Quiero que en uno esté en cabeza Amibe con Ale y en el otro Haikun con Danka. Tsuyo, tú vendrás conmigo. Aprisa y recordad las órdenes del señor Arkabeko.
Los tres grupos fueron por direcciones distintas para lograr defender los pueblos ayudándoles a apagar el fuego mayormente viendo cómo mucha gente corría despavorida y gritaba desesperada. Tal y como quería Arkabeko, no lucharon en ningún momento con el enemigo pero porque tampoco lo vieron en ningún pueblo, pues se dedicaban a incendiarlos a base de flechas prendidas a larga distancia.
Tardaron todos en darse cuenta de quiénes eran sus enemigos hasta que éstos empezaron a pisar en persona los pueblos para ver qué sucedía ya que se apaga el fuego.
– ¡¡Imposible!! ¡¡Esto’ no son soldaos del rey, iyo cerdo!! –expresó Ale a Amibe escondidos viendo cómo pasaban.
– ¡¡¿Soldados de Harmonia?!! –Tsuyo se quedó de piedra.
– Aquel impostor no especificó quiénes eran los que venían aquí… Esto puede ser muy peligroso. –Steve empezó a verse apurado. – Me temo que por querer ayudar a otros hayamos caído en una trampa. Si los de Harmonia están aquí… los soldados reales…
– Haikun… –Danka miró a su compañero.
– Voy a avisar raudo y veloz a nuestro capataz. –Haikun marchó para notificarle lo antes posible la situación a Arkabeko.
Mientras tanto, el resto siguió con lo que se le había ordenado pero no tardaron en verse involucrados en peleas contra los de Harmonia, pues estos en cuanto vieron a ‘los rebeldes’ fueron tras ellos.
Resistían muy bien, sin embargo no era suficiente y el número de integrantes del Grupo empezó a bajar bastante rápido.
– ¡Salgamo’ de aquí! ¡Si no’ rodean, estaremo’ perdios! –gritó Ale sacándose de encima a un soldado.
Hicieran lo que hicieran, por muy hábiles que fueran algunos, no tenían ninguna oportunidad de vencer. Así que no tuvieron más remedio que lograr salir, los que pudieron, de los pueblos y marchar hacia su guarida.
Muchos estaban siendo seguidos por los de Harmonia que no parecían querer dejarles escapar así como así.
– ¿Dónde se ha metido Tsuyo? –se preguntaba Steve mirando por todos lados estando seguro de que debería estar con él.
Acto seguido unos soldados le notificaron que en la parte este de Galyen había un ejército real y todos se detuvieron.
– Atrapados como ratas… –espetó Amibe.
– Qué situación má’ inamena abe…
– Esto aún no ha terminado. Queda el sur, marchar por ahí. Si veis que en un punto dado podéis volver a la guarida, hacedlo, por el señor Arkabeko. Sino siempre podéis ir a Kiyang.
– No hables de ‘vosotros’, Steve. ¿Qué pretendes? –preguntó Danka.
– No veo a Tsuyo por ninguna parte, voy a buscarla; estaba a mi cargo.
– ¡Pero Steve!
– No pasa nada. –dijo corriendo a por ella y enseñando su mano derecha. – Me puedo ayudar con esto.
Nadie vio del todo correcto aquel acto pero admiraron ese compañerismo y respetaron su opinión. Ahora debían salir de allí ilesos; marcharon hacia el sur.

Tsuyo no consiguió ir tras el Grupo y salir como el resto. A cada movimiento que daba, se cruzaba con soldados de Harmonia que impedían el paso. A algunos lograba derribarlos, pero salía corriendo, huyendo. Eran demasiados para combatir ella sola de golpe. Y la gente de aquellos pueblos no ayudaba mucho, pues corriendo, inconscientemente, muchos se chocaban con ella o incluso la tiraban. Hacía lo posible por levantarse lo más deprisa que podía y seguir corriendo. Finalmente logró salir del pueblo en el que se hallaba, pero en dirección contraria a la que debería haber ido. Se alejó pero no podía correr más. Empezaba a estar agotada. Divisó a la lejanía al obispo Sasarai con su fiel acompañante mientras se le acercaban a ella más y más guerreros azures.
“– No voy a poder aguantar mucho más… pero me niego a rendirme…”
Respiró profundamente y se abalanzó dando lo mejor de sí. Pudo soportar hasta deshacerse de cuatro de ellos. Ella misma notó en su piel que aquellos guerreros estaban mucho mejor entrenados comparados con los que habitaban en Galyen; por alguna razón Harmonia era muy poderosa. Acabó de rodillas en el suelo y miraba fijamente al soldado que tenía enfrente. Éste preparó su lanza para arrebatarle la vida y en cambio, Tsuyo no hizo el amago de apartar la vista. Su fija mirada denotaba seguridad y ganas de vivir; aquel no sería su final, se convencía pero no sabía qué más hacer.
Justo en aquellos instantes pasó como un rayo una figura dorada que sin escrúpulos, y asombro para todos, separó la cabeza del cuerpo al soldado que estaba a punto de herir a Tsuyo.
– ¡¡Señor Sasarai!! ¡Es él!
– Sí. Marchémonos antes de que acabe con ellos. Haz retirar al resto. Tal como está, me niego a perder vidas innecesariamente.
Ambos desaparecieron de sus vistas aprovechando que la desconocida figura dorada estaba matando uno por uno cada soldado de Harmonia salpicando toda la escena de sangre. Era una visión que ningún ser vivo debería presenciar nunca por su brutalidad. Aquella figura parecía tener cuerpo de humano pero con garras, bello y cola como una bestia. Y por sus actos se podría decir que era una auténtica bestia que sacaba toda su ira; estaban llenos de ella.
Tsuyo se había enfrentado a varias situaciones difíciles, pero ninguna con una visión como aquella.
Cuando acabó lo que muchos denominarían masacre, giró su mirada hacia Tsuyo con sus ojos carmesíes. Caminó hacia ella lentamente.
– Tú… ¿Tienes miedo? –preguntó con voz ronca pero como ella tardaba en contestar, siguió. – Bah, no digas nada. Prefiero no saberlo.
Y sin hacer caso, ella respondió.
– Bueno… Lo que ha pasado sí ha dado algo de miedo…
– ¿Algo de miedo? ¿Lo que ha pasado? Deberías temerme a mí más que la situación en sí. ¿No piensas que podría matarte si quisiera?
– ¿Y por qué vas a hacerlo? Yo que te estaba agradecida por salvarme de ellos…
– Tienes razón. Además, no iba a hacerlo y menos sabiendo el valor que le echas a las cosas.
Tsuyo, extrañada por sus palabras, vio cómo su cuerpo emitió un resplandor y se transformó. Cuando la luz menguó dejó ver en su lugar una figura humana.
– ¡¿Tú?!
En lugar de verse la figura dorada con una apariencia de bestia, se vio un humano moreno con un pareo rojo.
– ¡¿Pero, cómo?! ¡No sabía que un humano pudiera hacer eso! ¿Eres humano?
– Para el carro. Yo no desvelo mis secretos en la primera cita.
– ¿Qué? –fue un momento muy desconcertante. – ¿Y por qué vas en contra de Harmonia? ¿Qué te han hecho? Tal como has actuado, parecías odiarles.
– Y qué… A mí me interesa alcanzar a esa nenaza de Sararai que ha vuelto a huir…
– Oye… ¿por qué no te vienes conmigo?
– Qué dices. Cómo pides eso a alguien que no conoces de nada.
– Bueno, en cierto modo, tenemos cosas en común.
– Jajaja, que no intentes acaramelarme. Ya te dije en su día que no me gustan tan niñas.
Tsuyo sintió estar en un aprieto.
– ¡No! ¡No malinterpretes mis palabras! Quiero que te unas conmigo al ejército porque tenemos en común al mismo enemigo, aunque yo tengo a otro también… que tiene a los de Harmonia como aliados.
– Ah, eso lo cambia todo. ¿Estás segura de eso? Nadie que haya visto esta faceta mía ha querido saber más de mí.
– Seguro. –contestó con firmeza y sin vacilar, cosa que sorprendió al hombre del pareo. – De un modo u otro todos hacemos atrocidades, y estoy convencida de que tú tienes un motivo. Además, como bien me enseñaron, si he de juzgar a alguien que sea desde el interior.
– Vaya, qué conmovedor. No sabes a quien te llevas contigo pero reconozco que eres la única zagala en mucho tiempo que ha hablado tanto conmigo, no una, dos veces, y no me ha tratado de monstruo. Iré contigo. Tus ojos denotan algo especial. –extendió su mano. – Soy Kruma.
Tsuyo dio su mano sonriendo. A pesar de poder ser una locura aceptar alguien así a las bravas, algo en su interior decía que podría confiar en él.
Seguidamente apareció Steve viendo a ellos dos y se le notificó lo ocurrido, aunque eludiendo la parte en la que Kruma se transformaba.
Realmente Steve tenía muchas preguntas sobre el nuevo recluta, pero era más importante en esos momentos volver con Arkabeko.

El ejército de Harmonia se retiró gracias a la intervención de Kruma y el ejército real que bloqueaba el paso al Grupo desde el oeste, empezó a seguir quienes se dirigieron al sur.

En la guarida ya habían tenido visitas de soldados reales y defendieron como pudieron el lugar. De los dos soldados que envió no se supo más.
Y en aquellos instantes de un día nuevo, pero no menos duro, el capataz Arkabeko llevaba consigo a la gran mayoría de hombres que le quedaban en la villa para combatir más escuadrones reales. Les superaban en número, pero Arkabeko trazó una buena estrategia para que sus tropas lograsen enfrentarse a ellos lo mejor posible e impedir caer tan rápido.
No obstante nadie esperaba la sorpresa que tenía preparada el enemigo.
El cielo, por encima de la villa-guarida, empezó a tornarse negro como la noche y se abrió una especie de portal por el que pasó un gran barco flotando y disparó cañones a discreción a la misma villa.
Eso empujó a Arkabeko a volver al ver tal espectáculo desde lejos. Decidió entrar al refugio con los suyos imaginando que los supervivientes habrían hecho lo mismo tras lo del misterioso barco que desapareció después de descargar su munición. Pero una vez dentro no vio a nadie. Era extraño. Todo era extraño. Cualquier miembro sabía que si sucedía algo, aquel era el mejor sitio donde esconderse y no había nadie. Ordenó a los suyos que no se movieran de allí dentro y salió por el lado que llevaba a la villa. Todo era un caos, estaba en llamas, en el suelo yacían hombres suyos, y los pocos que corrían, por alguna razón, no se metieron en el escondrijo.
– ¡Señor! ¿Qué hace aquí?
Miró hacia arriba en un árbol. Allí estaba Fuji.
– ¡Fuji ¿qué hay de la gente?!
– Ha empezado a divulgarse que todos marchen hacia el sudoeste pasando Kiyang. Que era más seguro eso por si tuviéramos que pasar la frontera.
– ¡Cómo!
– Sea como sea, señor, haga algo. Estoy impidiendo que todo enemigo pase para que tengáis tiempo de marchar.
Se alejó para combatir con sus artimañas a cualquier intruso que quisiera pasar.
– Aquí hay gato encerrado… –murmuró Arkabeko.
– El único gato encerrado aquí eres tú.
Se giró sobresaltado viendo allí solo a Fernan.
– ¡¿Cómo has llegado hasta aquí?!
– Eso no importa. Dame la Runa Verdadera y quizá te deje vivir.
– Me niego. Si te la diera sin más, todo lo que he hecho, HEMOS hecho, no habría servido de nada. –Arkabeko desenvainó su espada.
– Necio. Tú mismo te lo has buscado. Camino de Reyes.
Al pronunciar esas últimas palabras, de su frente se reflejó un dibujo de tonos azules y detrás del capataz apareció un gran centauro con armadura y lanza de caballería que arrolló contra él recibiendo un fuerte golpe con una descarga eléctrica que terminó por dejarle malherido.
– Vaya. No sé si es que eres demasiado viejo o la batalla de antes te agotó bastante. Te lo diré una vez más. Dame la Runa.
La impotencia que sentía Arkabeko Thlege junto a la desesperación y el dolor por ver que sus sueños no iban a poder ser cumplidos, le impulsaron a coger de nuevo su espada y arremeter contra Fernan que sin ningún problema lo detuvo.
Fuji pudo ver algo lejos lo sucedido y decidió entrar en acción.
– ¡Maldición! Está muy lejos para alcanzarle pero…
Pensó unas milésimas de segundo cuando cogió su gran shuriken de la espalda. Era la primera vez desde que se dio a conocer en Galyen que cogía aquella arma tan pesada. La lanzó con fuerza hacia Fernan con la esperanza de salvar a su capataz. Sin embargo cuando Fernan vio venir el shuriken, cedió, Arkabeko por el impulso y fuerza perdió el equilibrio hacia delante y su enemigo aprovechó para manipular la espada y clavársela en el tórax rápidamente mientras esquivaba el shuriken.
– ¡¡Arkabeko!!
Él cayó al suelo sin poder moverse mientras el suelo empezó a mancharse de sangre.
Fuji acudió veloz lanzando pequeños shurikens y kunais al enemigo que pareció no hacerle nada. Aprovechó para equiparse su gran shuriken de nuevo.
– ¡He visto lo que has hecho! –decía Fuji frunciendo el ceño. – ¡Tú eres quien además ha debido invocar ese barco!
– ¿Y qué te ha parecido mi ‘Pálido Palacio’?
– No sé dónde conseguiste la Runa Compuerta Azul, pero es muy poco común.
– Qué sorpresa. Si sabes este detalle deduzco que no eres de Galyen. ¿Sabes qué pasaría si usara ‘Mundo Vacío’? Yo no necesito equiparme Runas Verdaderas para ver que soy alguien poderoso.
Fuji sin decir nada atacó a una velocidad vertiginosa a Fernan. Quería acabar cuanto antes con él. Empezó a recibir golpes y más golpes por parte de la Ninja. Parecía dejarse. Pronto tomó distancia para dar un respiro. Fernan se mantenía en pie y ni siquiera desenvainó su espada.
– ¿Ya has terminado tu turno?
Y sin dejarle reaccionar, Fernan, siendo igual o más veloz que ella, empezó a entregarle de su propia medicina. Lo que encontraba más extraño Fuji es que por cada golpe que daba, Fernan parecía dar más fuerte como si recuperara fuerzas en lugar de cansarse.
Se detuvo también al poco.
– Maldita sea… –murmuró.
– Yo a ti no tengo porqué matarte. Sólo vengo a por la Runa Verdadera que anda en algún lado de este lugar.
– Has atacado a mis compañeros y herido de gravedad al señor Arkabeko. No me voy a quedar quieta. ¡¡Alcaudón!!
Fuji volvió hacia Fernan. Esta vez lo cogió con un abrazo y con un gran salto se elevaron por el aire, empezaron a girar sobre sí mismos y se lanzaron contra el suelo usando la fuerza centrífuga del giro para impactar sobre él. En el último momento Fuji soltó a Fernan y éste se estampó contra el suelo causando gran humareda. Fuji se secaba el sudor de la barbilla con su mano observando cómo se disipaba aquel humo de arena.
De repente escuchó golpes en la ropa; seguramente Fernan se estaba espolsando. Pero antes de ver nada, Fuji volvió a recibir violentos golpes y volvió a sentir que Fernan, al que se le veía herido y que empezaba dando golpes más débiles, se fortalecían cuanto más daba. Éste volvió a dejarle un respiro. Fuji no podía más.
– Cómo… ¿cómo es posible que con todo lo que has recibido, estés tan fresco?
– Bueno, como tú no pareces ser una inculta de las runas como el resto de este reino, te lo diré. –enseñó ambas manos donde en la derecha se veía un dibujo rosado y en la izquierda uno blanquecino con un toque amarillento. – A la izquierda te presento Runa Rayo de Sol y a la derecha Runa Drenaje. La primera me va dando vitalidad no importa si camino dando un paseo o luchando. Y la segunda, como imaginarás, absorbe la vitalidad de quien yo ataque, especialmente si doy fuertes golpes. Por eso digo que no me hace falta ninguna Runa Verdadera para ser poderoso. En realidad, no tener me quita un gran peso de encima. Y ahora el golpe de gracia, así acabaré por recuperar toda mi vitalidad.
Se dirigió hacia Fuji que no podía moverse, pero antes de hacer nada, Haikun la cogió salvándola. Miró unos momentos a Fernan, apretando el puño. Había llegado tarde para decir nada y sintió rabia por todo lo que pasó. Pero se tragó su orgullo y huyó como el resto para salvar la vida.
Fernan les dejó estar. Para él no eran nada importantes. Inmediatamente que ellos dos se fueran, del refugio asomaron soldados que querían ver qué sucedía ya que su capataz no volvía. Quedaron atónitos al verle en el suelo con su espada clavada pero antes de efectuar ninguna acción, Fernan les puso el ojo encima y se encargó de ellos con su runa Compuerta Azul. Seguidamente entró dentro del escondrijo.

Cuando Tsuyo, Steve y Kruma llegaron a la villa, vieron el desastre que se había hecho y encontraron a cuatro de sus compañeros; Taiki, Yenire, Mathius y Sora ayudando a heridos para sacarles de allí.
– ¡Taiki! ¡¡¿Qué ha pasado?!!
– ¡Tsuyo! ¡Qué bien que estés a salvo! El enemigo ha conseguido derruir la villa como ves y todos se han dispersado y marchado hacia Kiyang. Erkaitz me ha dicho que de pasar la frontera, nos reunamos en la capital actual de Tyrian.
– ¡¿Y el señor Arkabeko?! –preguntó algo exaltado Steve. – ¡¿Por qué no estáis usando el escondrijo?!
– Se fue pronto a combatir a otros escuadrones reales. –respondió Mathius.
– Al escondite mejor no iría yo porque hemos visto reflejos de extrañas luces. Puede que el enemigo esté allí. –continuó Sora.
Tsuyo y Steve tuvieron un impulso de dirigirse hacia allí. Fueron seguidos por el resto del grupo.
Al llegar lo primero que vieron y en lo que se fijaron fue en el cuerpo de Arkabeko herido de espada. Acudieron enseguida hacia él.
– ¡¡Señor, responda!!
– ¡¡Arkabeko!!
Su capataz aún daba señales de vida aunque débiles. Abrió los ojos como pudo y sonrió al verles allí.
– Chicos… Me… alegra veros… aquí… por última vez…
– No hable, debemos sacarle de aquí. –comentaba Steve.
Pero Arkabeko con un ligero movimiento de mano, le quitó eso de la cabeza.
– Conmigo no… hay nada… que hacer… Es una pena que… no pueda seguir con vosotros… ni cumplir… los sueños…
Todos le escuchaban atentamente algo apurados.
– Pero… si es posible… me gustaría que… no renunciéis… Por Galyen… Aunque sea otro grupo… ejército… que lidere alguien… de vosotros… No importa quien… Confío en todos vos… vosotros… –escupió sangre de repente.
– ¡¡Arkabeko, no!! –Tsuyo le cogió de su mano.
– Tsuyo… incluso tú… podrías liderar…si quisieras… –ella se sorprendió. – Eres muy joven pero… ese brillo en tus ojos… tiene algo especial… algo que en todo el tiempo… que te conozco… no se ha… apagado… ni siquiera ahora… con la difícil situación… –cogió aire a su ritmo. – Saya tenía razón… en tu interior alberga una fuerza interior que… muchos… necesitan…
De repente escucharon ruidos dentro del escondrijo.
– Rápido, marchad… El enemigo ahora es muy fuerte…
– Pero…
– No pasa nada… yo descansaré en paz… si vosotros acabáis… con esta corrupción… ¿lo… haréis, por favor?
Steve y Tsuyo asintieron a la vez.
– Marchad… tenéis que vivir……… –y con esas palabras, dio su último soplo de vida.
Desgraciadamente no tenían ni tiempo para poder darle un entierro digno y marcharon corriendo de allí con las esperanzas y sueños de su capataz a cuestas mientras Fernan salió de nuevo a la villa, observando el lugar y teniendo en su mano la Runa Verdadera que tanto buscaba Borja y que tanto guardaba el Grupo."



lunes, 9 de mayo de 2011

Episodio 9 - Incursión Nocturna

Buenas noches, Suikofans.

Aquí os dejo el siguiente episodio. ^^ Más o menos de largo como el 5º pero se me pasa rápido (y confieso que me emocionaba escribiendo (risas)).

Espero que lo disfrutéis mucho.


{Uvye Prison}


"Tsuyo y compañía pasaron casi tres nuevas lunas en aquella villa, no tan fantasma como algunos creían. Aquello empezó a tomar forma y todos se empezaban a sentir como en casa. Ayudaban en la villa y los guerreros también entrenaban, viviendo plácidamente con todos los integrantes que a cada día que pasaba, su número aumentaba paulatinamente. Pero nadie fuera de allí sabía nada, el reino de Galyen no conocía de su existencia y podía ser peligroso que lo descubrieran. Sin embargo, todos en aquellos momentos disfrutaban del presente.
– Jajajaja ¿os lo dije o no, que este sitio petaba pa’ una taberna iyos? Muchas gracias, kiya, representas a jierro abe. –Ale bebió de su jarra.
– Jeje, de nada. –Tryzzia, la mujer tabernera, le guiñó el ojo y siguió sirviendo bebidas a la gente que allí había.
Desde que ella vino, aquella solitaria sala llena de mesas y sillas, cada día, a la hora de comer o cenar, solía llenarse y aquello se alegraba.
– Sí… –murmuró Taiki algo angustiado por todo el bullicio que allí había.
– Los niños como tú no deberían merodear la taberna y menos cuando acaba de anochecer. –anunció el caballero Mathius que en esos momentos bebía junto a Ale y su inseparable compañera Pietra.
“– No soy tan niño…”–pensó Taiki buscando con la mirada a Tsuyo.
– ¿Pues sabéis qué? –Pietra, contenta, empezó a explicar a sus compañeros de mesa una pequeña historia para pasar el rato.

Dentro, en el ‘escondite’ que ellos tenían para casos importantes y de emergencia, Arkabeko Thlege estaba reunido con Haikun y Amibe.
– Entonces ¿esto es todo? –Arkabeko parecía más serio de lo normal.
Ambos asintieron.
– De acuerdo. Podéis marchar, pero no contéis nada a nadie. A propósito, Haikun, te pido por favor que traigas aquí a Erkaitz y a Steve.
Ambos salieron de allí.
Haikun fue en busca de las dos personas que mencionó Arkabeko y Amibe, con cierta preocupación, se dirigió al cuarto correspondiente a Tsuyo.

No pasó mucho cuando Tsuyo se dirigió hacia sus aposentos para dormir y vio, apoyado en la puerta de brazos cruzados, a Amibe.
– Anda ¿qué haces aquí?
Él se puso de frente, cara a cara con Tsuyo y con incisivos ojos le preguntó:
– Tú ¿Cuan importante es para ti esa periodista que tanto quieres ver?
– ¿Eh? ¿A qué viene esto?
Pero su pelirrojo compañero no respondió; su mirada le decía que si no contestaba, no recibiría explicaciones.
– Pues… no sabría cómo decirlo porque sólo la vi un día. Pero a nivel personal me aportó mucho y creo que, aunque no sea una guerrera, también puede aportar cosas al Grupo. ¿Por qué me preguntas eso? Creí que ya te dije algo así hace tiempo ¿no?
Amibe se quedó sin decir nada unos largos segundos hasta que respiró profundamente.
– Verás… No debería hacer esto, pero creo que deberías saberlo.
– ¿Qué ocurre?
– Yenire está encarcelada en la prisión de Uvye. –Tsuyo se sobresaltó. – Sí. No sé cómo es en persona, pero, en la misión que nos ha dado el señor Arkabeko de investigar esa zona, pude ver una lista de la prisión, con cantidad de nombres, y el suyo figuraba en ella. Así que si nadie más se llama igual…
Tsuyo pensó que posiblemente podría ser la periodista. A la que, cuando Galyen empezó a cambiar, le prohibieron seguir publicando su periódico por decir verdades que a Borja y los suyos no les convenía que el pueblo se fuera enterando. Una chica con importantes documentos y que además no pasaba por su casa, que tenía ahora todo desordenado, desde que Tsuyo volvió a Lim’nijwe con el Grupo.
– Yenire… Seguro que es ella… Pero ¿no sabes cómo está? Es decir, qué le puede pasar. Ella sabe bastante, aunque con suerte no le hacen nada y sólo la dejan en prisión ¿no?
Amibe dirigió por momentos su mirada hacia otro lado.
– Bueno… Resulta que…


– Chicos, perdonad que os llame a estas horas. Espero no haberos pillado apunto de ir a descansar.
– No se preocupe, señor Thlege. Entendemos que si nos reclama es por algo trascendental. –le anunció respetuoso Erkaitz.
– Gracias. Tengo una noticia que daros. Todos sabemos que desde que Borja es alteza real de Galyen, han estado aprisionando mucha gente que de un modo u otro ha demostrado inconformidad ante él.
Steve y Erkaitz escuchaban atentos.
– Llegó a mis oídos que se estaba aprisionando bastante gente y sin embargo la pequeña prisión de Uvye no llegaba a saturarse. Así que, inquieto por ello, envíe a dos de nuestros camaradas para que investigaran. Y lo que hemos descubierto es a uno de los hombres de Borja, Jasón, teniendo carta libre en la prisión. A este hombre poco le importa la vida de la gente y si es inocente o no. Se ensaña bastante con los prisioneros y en cuanto puede, en privado, va escogiendo reclusos y les quita la vida aunque no hagan nada. Él siempre menciona que tuvo que matarles por malas conductas.
– Así que todo el que entra, está condenado a morir tarde o temprano. –pronunció Steve.
– Básicamente así es. Sin embargo, se sabe de un pequeño grupo de personas que se ha salvado de la muerte teniendo que besar los pies de Borja y jurarle fidelidad. Pero estas personas están muy vigiladas y se ven obligadas a hacer algo que quiera Borja si así lo requiere. De lo contrario no dudará en quitarle la vida al primero que se niegue.

– ¡¿Pero cómo?! –Tsuyo subió el tono de voz. – Amibe, y tú que estabas ahí ¿no pudiste hacer nada al respecto?
– Tsk… Qué quieres que haga. Si me dicen que investigue, investigo. No suelo hacer otras cosas que no esté en los planes. Y de querer hacer algo, habría salido de allí escaldado, eso si salgo. Además, ese Jasón no es moco de pavo. Me enfrenté a él en el barco que también iba el príncipe, y me dejó inconsciente. Si no fuera por Haikun que me rescató en el último momento, no estaría aquí hablando contigo.
– Comprendo…
– Es peligroso ir allí. Pero no te preocupes, si esa Yenire es lista y aprecia su vida, preferirá antes postrarse ante ese Borja.
“– ¿Lo hará…?”

– Y por ahora esto es todo, chicos.
– ¿En qué está pensando, señor Thlege?
– En que algo hay que hacer, Erkaitz, algo hay que hacer.


Mientras tanto, precisamente a esas horas de la noche en la prisión de Uvye, un inocente hombre se veía en apuros.
– ¡Dejadme, por favor! ¡No os he hecho nada! –gritó con fuerza arrodillado en el suelo tras recibir un latigazo de Jasón.
– El hecho de que apoyes a los Goei, lo considero de alta traición hacia mi persona y el reino entero. –Borja, que allí estaba con sus ropas reales, miraba por encima del hombro al pobre hombre.
– ¡Todos confiábamos en ellos! ¡Eran muy buenos, y las cosas nos marchaban siempre bien!
– Ésa es la cara bonita de ellos, pero no todos tenían de sus servicios ni les iban las cosas tan bien. Te recuerdo, súbdito mío, que además hemos tenido traidores dentro de los Goei. Por culpa de ellos el príncipe y el rey fallecieron, la torre Throndgard se desmoronó e incluso Sereyad prendió fuego. Si eso te parece ‘marchar bien’, vas a acabar igual.
– ¡Con Su Majestad Rey Thoelm VII todo iba viento en popa! ¡¿Por qué ha tenido que pasar todo esto?!
– ¿Viento en popa? Por ser cómo era no se ocupó adecuadamente del reino y le ha pasado lo que ha pasado. Galyen podría ser un reino más próspero ¿sabes? ¿Acaso conmigo no va viento en popa? Me encargo que no pueda haber ningún traidor para la seguridad de todos, he disminuido el número de bandidos y delincuencia sobremanera que el servicio de los Goei no es necesario ya. Y, aparte del deber de reconstruir Sereyad, voy a hacer que todo pueblo muerto resurja. ¿Te parece poco? Eso es lo que debió hacer nuestro fallecido Rey Thoelm y sus antepasados y que nadie hizo. Sé que muchos no han quedado contentos por algunos métodos que uso, pero sin ciertos sacrificios no podría alcanzar a llevar un mundo mejor y más justo. ¿No crees?
Borja seguía mostrándose muy frío y distante mientras el hombre, aún arrodillado, apretaba los puños. Pronto empezaron a asomar lágrimas por sus cristalinos ojos.
– Le… ¿Le parece justo deshacerse de gente inocente que no ha hecho nada, NADA? Mi hermano era un Goei respetado, una buena persona dispuesta a proteger el reino y ¡usted dio la orden de ejecución! ¡¡¿Le parece justo eso, EH, SE LO PARECE?!! –gritó sollozando y mirando a Borja lleno de rabia.
Éste se dirigió hacia el hombre y le puso una mano en su cabeza, acariciando despacio su cabello.
– Sé lo que se siente al perder familia… Yo perdí mi familia por la incompetencia de Goei y la traición de ellos; creo que es justo que yo mismo ajusticie a todo aquel que se me rebele o niegue seguirme, especialmente si son Goei. Tu hermano era uno que no quería aceptarme como su nuevo rey y osó enfrentarse a mí. De cualquier forma, no todo Goei es ejecutado, siempre y cuando me juren fidelidad y, por supuesto, dejen su cargo. Tú también podrías salvar la vida si me juras fidelidad ahora mismo. Yo necesito gente que me apoye ¿entiendes? Todo lo que estoy haciendo por el reino es para el pueblo; mi pueblo. No creo merecer tanto rechazo por vuestra parte ¿no?
El hombre tardaba en contestar hasta que finalmente se decidió y mencionó gimoteando:
– No… No puedo… ¡¡¡NO PUEDO HACERLO!!!
Tras un profundo silencio, Borja agarró con fuerza los cabellos del hombre con el amago de querer estirárselos, pero lo dejó estar y, alejándose de la escena, pronunció:
– Entonces espero que tengas un buen reencuentro con tu hermano en el más allá.
A medida que se alejaba, Jasón llevaba arrastrando al hombre que gritaba con histeria.

– Que melodramático. Cualquiera diría que te sientes realmente dolido por todo lo sucedido. –le comentó Fernan fuera de prisión.
– Ju… Gajes del oficio. –Borja parecía divertirse con la situación. – Me encanta ver cómo se desencajan sus caras pero me encanta aún más todavía ver cómo se arrodillan ante mí suplicando por sus miserables vidas; saben que tengo sus vidas en mis manos. JAJAJAJA.
– ¿Qué harás con esos prisioneros que tanto te interesan?
– Te refieres a los Goei supervivientes, entre otros… Todo a su tiempo, querido Fernan. Ser Rey es agotador, tengo que estar pendiente de muchas cosas y no puedo permitirme ningún fallo si quiero que todo salga bien. Por suerte la gran mayoría de gente actúa como borregos y los tengo a todos en el redil. Pero me decepciona un poco no tener aún en mis manos la Runa Verdadera que tanto quiero. Estos de Harmonia son unos inútiles. Tendrán mucho poder y todo lo que tú quieras, pero no han sido capaces aún de traérmela. Tendremos que darles un empujoncito a ver si espabilan ¿no crees?
– Permite que me encargue yo de eso. Seguro que conseguiré buenos resultados.
– Oh, eso suena maravilloso. Si funciona, recuérdame que te compense como a nadie. Y ahora marcha, yo quiero descansar. –se dirigió hacia su lujosa carpa. – Venga, sirvientes, traedme algo de buena comida y un delicioso vino y no tardéis.


Y así fueron pasando los días. Arkabeko trazaba planes con Erkaitz y Steve mientras el resto seguían sus vidas como hasta ahora.
Amibe estaba sobre un árbol observando cómo entrenaban Ale y Haikun. Vio cómo el joven chico Sora paró a Fuji que pasaba por allí cerca.
– Perdona… esto, Fuji. ¿Has visto por casualidad a Taiki o a Tsuyo?
– Pues… ahora que lo dices, no. Ni a uno ni a otro.
– Miau.
– Vaya… –se dirigió hacia Ale y Haikun. – Perdonad que os interrumpa. ¿Habéis visto a Tsuyo y a Taiki?
Los dos lo negaron.
– ¿Por qué tanto interé’, iyo? Parece’ inquieto, abe.
– Bueno, no es por nada en especial, realmente. Pero hace unos días los buscaba, y aún no los he visto.
– Ahora que lo dice’, yo también llevo día’ sin saber na’ de ello’, abe.
– Amibe, –Haikun se giró hacia su compañero. – ¿Tú sabes algo?
– Yo qué voy a saber. –bajó del árbol y en esos precisos momentos le vino a la mente la noche en la que le contó aquello a Tsuyo. – Un momento…
– ¿Amibe?
– No… No puede ser. No habrá… –Amibe quedó paralizado deseando que no fuera cierto lo que se le pasó por la cabeza.

– Tsuyooo ¿crees que ha estado bien que hiciéramos esto?
– Taiki ¿cuántas veces vas a estar preguntándome eso? –Tsuyo seguía adelante con paso firme.
– Es que no paro de pensar en cómo estarán cuando sepan que no estamos. ¿Ha estado bien que nos fuéramos sin ni tan siquiera dejar una nota? –Taiki parecía muy preocupado.
– Jaja, fuiste tú quien quiso venir conmigo. Pero siempre puedes volver si quieres. –sin embargo ella sonreía tranquila.
– No seas malvada. No pienso dejar que vayas tú sola.
– Sabes que si les hubiéramos dicho algo no nos habrían dejado y quizá hubiéramos estado más vigilados. Y yo no puedo permitir que mientras se decida hacer algo o no, esta gente ande matando a inocentes.
– Sí, lo sé… Típico de ti… –tragó saliva. – Espero que todo salga bien.
Y ambos jóvenes Goei iban directos para cruzar el puente Thairoths.

– ¡¡¡Malditos críos!!! ¡¡¿Cómo se les ocurren ir allí con lo peligroso que es?!! ¡¡Se lo dije, mira que se lo dije!! ¡¡Los tenía por jóvenes más sensatos!! –Amibe parecía desesperado a lo que su compañero Haikun le espetó:
– Si tú no le hubieras dicho nada como se te había ordenado…
– Escuchad, el personal quiere enterarse de lo que ocurre. –anunció Fuji y se les fue explicado a todos lo que sucedía en la prisión de Uvye y la razón por la que Amibe decidió contárselo a Tsuyo.
– Vaya, qué valor tienen… –comentó Sora con asombro.
– Y qué loco’ abe… –Ale llevó su mano a la cara con los ojos cerrados pensando en lo que le habían contado.
– Buenas a todos, chicos. –Steve apareció alegremente por la escena y Amibe le interrumpió nervioso.
– ¡Tú! ¡¡Llévanos ante Ark YA!! ¡¡Tengo que verle!!
– Jajaja, qué casualidad. Precisamente venía a deciros que el señor Arkabeko requiere de nuestra presencia.
Todos se miraron algo extrañados pero fueron sin demora al escondite donde, antes de que Arkabeko Thlege pronunciara sus palabras a todos, Amibe le contó la situación.
– Vaya, qué sorpresa, jajaja.
Nadie entendía porqué Arkabeko se reía ante tal circunstancia.
– Deseo que no les pase nada. Pero nos pueden servir de ayuda, eso sí.
– ¿De ayuda? –todos estaban cada vez más confusos.
– Sí. Si las cosas salen bien, pueden servir como distracción mientras nosotros hacemos nuestra aparición.
– ¿Quiere decir, señor Arkabeko, que vamos a ir, a dejarnos ver y que entraremos en acción? –Danka se emocionaba cada vez más.
– Exacto. Jaja, qué opinas, Erkaitz. Esta chica se parece mucho a su hermana.
Erkaitz, inquieto, miraba hacia el suelo pero enseguida respiró profundamente y se dirigió con seguridad a su capataz.
– Vayamos cuanto antes a Uvye siguiendo vuestros planes, señor.

Tsuyo y Taiki llegaron a las pocas jornadas, pero antes de entrar, ellos trazaron también un plan. Si bien era una locura ir ellos solos a ese lugar, no iban a cometer la imprudencia de entrar sin saber qué hacer y cómo.
Una vez listos, entraron a la acción recién caída la noche. Taiki ayudó a Tsuyo a subir el muro de piedra. Ella, una vez arriba, ayudó a Taiki con su bastón. Dentro, se sirvieron de cajas que solían tener allí para apilarlas al costado del muro de modo que cualquier persona lograra escapar trepándolas. Tenían pensado rescatar el mayor número posible de personas. Recordando cómo les sacó de allí el mensajero Tatsuma, decidieron abrir las puertas quitando las gruesas y bastas bisagras que sobresalían por fuera de las celdas. Así, cuando veían vía libre, Taiki se encargaba de quitar las bisagras mientras Tsuyo estaba atenta por si venía alguien. Una vez quitadas, Taiki procuraba que la puerta no se cayera mientras Tsuyo, dentro, hablaba con los presos y luego salían todos siguiéndola con cuidado hasta llegar a la zona de las cajas apiladas y entonces huían. En ese corto periodo, Taiki volvía a poner las bisagras, lo suficiente para que la puerta no cayera aunque posiblemente sí lo haría si alguien decidiera abrirla.
Prosiguieron del mismo modo con varias celdas más sin ningún tipo de problema. Si daban con un guardia, dependiendo de la situación y el lugar, se escondían con cautela de no ser vistos o lo dejaban inconsciente y lo metían en una celda.
En todo el rato que llevaron ahí, Tsuyo no vio ningún rostro conocido salvo el de los artistas ambulantes de Lim’nijwe que la HGA exigía que se les diera cierta suma de dinero.
Pronto, en la zona de ejecución que estaba al lado de la prisión, escucharon voces y asomaron poco a poco para ver qué sucedía.
– ¡Venga, habla! ¡Ya estoy harto de ti! Si no fuera porque sabes tanto y puedo sacarte lo que me interesa, te habría matado.
“– Es ella…” –Tsuyo y Taiki pudieron ver a Borja con su guardaespaldas Fernan delante de Yenire arrodillada y, ella, de espaldas a Jasón.
– Yo no tengo nada que ofrecer. Me lo habéis arrebatado todo. –dijo Yenire con voz cansada.
– ¡Mientes! Quitando el detalle de que sabes mucho sobre la situación actual, sé que tienes datos importantes que me pueden servir. Un trabajo que tú y tus antepasados fueron recopilando ilegalmente ¿entiendes?
– Recopilar la verdad de los hechos no es ilegal; recopilar información del mundo que nos rodea, no es ilegal. El problema es que vosotros queréis esconder muchas cosas al pueblo. –Yenire agachó la cabeza.
Borja apretó los puños lleno de ira intentando controlarse.
– Cambiando un poco de tema… –entonando la voz de forma grave. – ¿No sabrías tú algo sobre la Runa Verdadera?
– No, me habéis tenido encerrada aquí, así que aunque supiera del caso y quisiera, no he podido investigar sobre ello.
– Investigar eh… –Borja se rascó el mentón. – Esto se podría solucionar fácil si te postraras a mis pies y trabajaras para mí. ¿Qué te parece? Yo mismo me encargaría de que te alojases en un lujoso sitio sin que te falte de nada, no como el cuchitril que tienes actualmente; y podrías investigar todo lo que quisieras, eso sí, manteniéndome al día. Además podría hacer que te hicieras con toda la prensa y no haya competencia; redactando, claro está, cosas que yo permitiera. Volverías al trabajo que tanto quieres y yo estaría contento de tenerte a mi lado. Todos salimos ganando.
Tsuyo observaba fijamente la escena.
– No… Me niego a escribir con mis propias manos cosas que no son y escondiendo lo que de verdad importa. Si lo hiciera, no podría considerarme una verdadera periodista.
– ¡¡Desagradecida!! –Borja le dio una bofetada con el revés de la mano.– Llevo mucho tiempo tratándote lo mejor posible pidiéndote información que te niegas a darme, y ahora que me ofrezco a perdonarte la vida y ayudarte como cualquier otra persona habría querido; me rechazas así. Se me ha agotado la paciencia contigo. Jasón, haz con ella lo que te plazca. Si tanto te niegas a decirme lo que quiero, no te necesito.
El brazo de Tsuyo pareció ir solo, cogiendo muy rápidamente una piedra y lanzándola dando así en la cabeza de Borja dejando a todos a cuadros. Un profundo silencio habitó el lugar unos segundos; unos segundos que aprovecharon Tsuyo y Taiki para esconderse y no ser vistos. Borja se giró histérico gritando a la ‘nada’.
– ¡¡Maldición!! ¡¡¿Quién ha sido el desgraciado que ha osado tirarme una piedra?!! ¡¡Juro que lo pagará muy caro, lo juro!! ¡¡Muéstrate, cobarde!!
– Tsuyo. –le susurraba a su amiga. – ¿Por qué has hecho eso?
– No lo sé. –también susurraba. – Me salió del alma…
– No quisiera alarmarle, señorito Borja. –Fernan acudió a él. – Pero está sangrando un poco. Debemos ir para que le atiendan.
– ¡¿Qué, sangre?! Oh, dios mío, me va a dar un jamacuco ¿no es grave, verdad? Dime que no me quedará marca. Odio las marcas, afean el físico.
– Vayamos, no está seguro aquí. El responsable habrá sido algún prisionero rebelde. Dejemos que Jasón se encargue.
– Sí, será mejor. Debo de dejar de enojarme así sino se verá afectado mi cutis, ay.
Fernan ayudó a Borja a marchar de allí, pasando de largo a los Goei.

Jasón dejó a Yenire para buscar al responsable de la piedra. Miraba con cautela y ya estaba cerca de ellos dos.
– Tsuyo, es el momento.
Ella asintió y su amigo se abalanzó hacia Jasón atacándole con su peculiar tridente de frágil apariencia. Logró pillarle por sorpresa pero en el último momento lo detuvo con su espada.
– Tú… Tú eres uno de esos Goei que buscan. –sonrió con picardía. – Jaja, qué divertido. Te has metido en la boca del lobo.
Con un empujón hizo retroceder a Taiki y enseguida embistió, empezando un combate entre ambos. Sorpresa para Jasón, Taiki estaba aguantando más de lo que pensaba.
– Caramba… En este tiempo has debido entrenar bastante… Pero aún no puedes conmigo.
Taiki se encargó que, de un modo u otro, acabase alejando a Jasón lo suficientemente lejos de Yenire y del lugar donde estaba escondida su amiga. En cuanto vio el momento oportuno, Tsuyo salió rápido del escondrijo y se dirigió hacia Yenire que no daba crédito a lo que veía una vez la tuvo al lado.
– Tsu… ¿Tsuyo? ¿Cómo…? ¿Qué haces aquí?
– Me alegra verte, pero ya hablaremos. –decía mientras la desataba. – Ahora dirígete sin que te vean a la parte suroeste de la prisión. Hay unas cajas apiladas para que puedas saltar el muro y huir de aquí.
– ¿Qué vas a hacer?
– Iré a por mi amigo Taiki, que se ha ofrecido a venir para ayudarme a rescatarte y ahora está luchando contra Jasón, jeje.
Yenire tenía muchas preguntas pero hizo caso a Tsuyo y marchó cuanto antes para escapar de allí. Tsuyo fue corriendo en busca de su amigo.

Taiki estaba muy agotado y respiraba con dificultad. Jasón seguía manteniendo su compostura dispuesto a seguir, pero retrocedió al ver de repente que su compañera cogía por la espalda al chico.
– Vaya… veo que he hecho bien en venir. Estabas tardando mucho para deshacerte de una periodista y el otro supuesto recluso. Y me encuentro que tienes a este jovencito haciéndote frente.
– Alaya, no te metas.
– No, no es que me meta. Pero recuerda que Borja los quiere vivos, hombre.
Jasón se relajó.
– Por cierto, Jasón ¿dónde está la otra?
– ¿Qué otra?
Taiki no decía nada. Cualquier movimiento en falso, con el cansancio que llevaba, y se le habría acabado todo.
– Este mozuelo tengo entendido que siempre va con la otra mocosa. –le entregó a Taiki. – Encárgate de llevárselo ante Borja. Yo buscaré a la otra.
Jasón le usurpó el arma y llevándolo cogido del cuello fue saliendo de prisión.
Alaya no tardó en ver a Tsuyo corriendo.
– Lo sabía, estabas aquí, jajaja. –se detuvo para hablarle. – Has de saber que tenemos a tu amiguito, así que si no quieres que le pase nada, entrégate sin resistirte.
Tsuyo la escuchó perfectamente pero no minoró su velocidad, cosa que extrañó a Alaya.
– Pero qué haces… Detente, te estoy hablando y esto es serio. ¿En qué piensas?
Y, aprovechando que ella estaba centrada hablando, velozmente, Tsuyo le dio un buen golpe de bastón en su rostro. Alaya cayó y Tsuyo siguió su camino en busca de Taiki.
Alaya empezó a sentir mucha ira. Nunca, desde que estaba con Jasón y Fernan, nunca antes nadie había conseguido darle.
– Condenada niña… –se levantó deprisa y gritó a Tsuyo que tuvo el impulso de girarse un momento.
La mujer de cabellos turquesa enseñó su mano izquierda en el que empezó a verse un dibujo que brillaba y antes de que Tsuyo se diera cuenta, le cayó un rayo encima y se desplomó contra el suelo.
Alaya se puso a su vera.
– Tienes suerte de que te quieran con vida…
Tsuyo intentaba levantarse como podía mirándola.
– C-Cómo… ¿Tienes… una…?
– Jajajaja, exacto, mocosa. Una runa. El nuevo rey deja que ciertas personas especiales llevemos y estos de Harmonia nos ha proporcionado alguna que otra. Y ahora a llevarte ante Su Majestad.
Así, se llevó también a Tsuyo bastante afectada por la magia de la runa relámpago.

Ataron a ambos Goei y los dejaron con vigilancia mientras, por cautela, sacaban de la prisión de Uvye a los pocos prisioneros que quedaban para trasladarlos a otro lugar. Tsuyo y Taiki habían conseguido sacar gran parte y no querían arriesgarse a perder más presos.
Al amanecer, y cuando Borja estaba disponible, llevaron a los Goei para ser ejecutados en la horca. Estaba todo preparado. Tan sólo deberían hacer quitar los barriles que sujetaban a los Goei de pie para que todo finalizara.
– Nos volvemos a ver, sucios renacuajos. –Borja mantenía la distancia rodeado de los suyos. – Al parecer el destino ha querido que termine con lo que quise hacer hace más de cuatro meses atrás. ¿Algo que queráis decir antes de morir?
– Vaya, yo creía que ibas a interrogarnos. –a pesar de todo, Tsuyo sonreía.
– Pero qué… ¿sois idiotas o qué?
– Puede que un poco sí. –continuó Taiki. – Pero si caes en el error de matarnos, te quedarás sin información, que para que lo sepas, ahora sabemos muchas más cosas que antes.
Todos quedaron parados preguntándose si mentían, si sería una trampa; se les veía tan seguros que les desconcertaba. Pero Borja tenía bastante claro qué hacer.
– Bueno. Antes un detalle. Ya que ningún recluso pudo hacerlo… ¿Quién de vosotros me tiró una piedra anoche?
– Yo, por supuesto. –comentó Tsuyo con total seguridad.
Borja mandó sacar a Taiki de la horca.
– Ahora qué ¿hablaréis? No creo que uno deje morir a otro con el aprecio que os tenéis ¿no?
Taiki empezó a ponerse nervioso pero Tsuyo logró tranquilizarle, al menos lo suficiente.
– No les digas nada Taiki. No merecen saberlo. Que les quede claro que por mucho que nos hagan, no tienen porqué salirse con la suya.
– ¡¡Qué insolencia!! ¡¡Quitad su barril!!
– ¡¡TSUYO!!
Uno de los soldados apartó el barril, que aguantaba Tsuyo, con una patada y ella cayó siendo la cuerda la única que le sujetaba y apretaba en el cuello.
Pero acto seguido, un objeto alcanzó la cuerda y ésta se partió dejando caer a Tsuyo al suelo.

– Qué valor tienes, pequeña Tsuyo. Es de admirar.
– ¡¡¿Pero qué está pasando?!! –Borja y los suyos miraban por todos lados alertados.
Al instante, delante de ellos, encima de la horca, se dejó ver Fuji mirando al grupo de Borja.
– ¡¡¡TÚ!!! –Jasón sintió como si le hirviera la sangre.
Ipso facto observaron cómo los soldados que sujetaban a Taiki caían redondos y el famoso Goei Ale acudía en ayuda del chico mientras Fuji socorría a Tsuyo.
– ¡¿Cómo se atreven?! Me da igual cómo habéis llegado hasta aquí ¡¡¡Matadlos, MATADLOOOOS!!!
– De eso me encargo yo. –Jasón dio un paso adelante y enseguida se le unió Alaya.
– Unamos nuestras fuerzas, Jasón.
– Lo veo bien, de nosotros no se tiene que mofar nadie.
Ambos dejaron a la vista una de sus manos y Tsuyo y compañía aún seguían allí. Todos de pie mirándoles.
– ¡Aún os queda sentir mucho dolor para poder llegar a ser más fuertes, botarates! ¡Observad el poder de la unión de dos runas elementales!
A los dos les brillaron las manos con intensidad, una de un color verdoso y otra de uno rojizo. Todos allí fueron presentes del poder descomunal de las dos runas unidas. Todo el paisaje se iluminó y al lanzar aquel temible poder, la tierra tembló al mismo tiempo que impactaba sobre Tsuyo y sus amigos.
– ¡¿Qué ha pasado?! –Borja no pudo ver nada. “–¿Es ese el poder de las runas? ¿Cómo deberá ser una Verdadera?”
– ¡Ya está! –decía Jasón victorioso. – Es imposible que hayan podido salir de ésta.
– Jaja ¿de veras?
Desorientados por una voz que ellos no conocían, no podían creer lo que veían cuando desapareció toda la humareda que causó el poder de las runas. El lugar donde ellos esperaban ver los cuerpos inertes de los Goei y la Ninja, vieron una barrera cristalina que al poco desapareció dejando al descubierto a Steve con sus cuatro compañeros sin ningún rasguño.
– ¡¿Cómo has hecho eso?! –gritó Alaya indignada.
Steve, sonriendo de oreja a oreja, les mostró a todos su runa Agua.
– ¡¡P-Pero… C-Cómo…!! ¡¡No puede estar pasando esto!! –Borja temblaba de los nervios que empezó a sentir. – ¡Tiene una runa, coged…!
En aquel preciso instante, interrumpiendo las palabras de Borja, empezaron a llover flechas hacia todos ellos.
– ¡¡¿Qué demonios está ocurriendo aquí?!! –Borja se mantenía resguardado ayudado por Fernan que intentaba que no le alcanzase ninguna flecha.
Igual hacía el resto, pero varios soldados empezaron a caer y aquella lluvia no amainaba.
– ¡¿Es esto una trampa?!
Gracias a las flechas, los enemigos ya no estaban tan pendientes de Tsuyo y compañía.
– ¡Alteza! –un soldado llegó a Borja. – ¡Al oeste de aquí hay lo que parece ser un pequeño ejército que no sabemos de dónde ha salido y ha ido bajando el número de nuestros soldados! ¡¡Qué hacemos!!
– ¡¡Esto no puede ser verdad!! ¡¡En Galyen no puede existir ningún otro ejército que no sea el mío!!
– Señorito Borja. –anunció Fernan sin girar la mirada. – Vamos a vernos obligados a retirarnos. Sea quien sea el enemigo, va avanzando sus tropas hacia aquí y ahora mismo somos minoría en comparación.
– Maldición… Entonces vamos… Mi cabeza es sagrada y no quiero terminar aquí.
Fernan dio un fuerte silbido, señal de que todos se retiraran, y fue deprisa llevándose a Borja. Alaya y Jasón también marcharon, no sin antes echar unas frías miradas a los componentes del Grupo con ansias de vengarse algún día.
– Vale que con la lluvia de flechas no fuéramos a combatirlos. –comentaba Taiki. – Pero ahora podríamos ¿no?
– Alaya y Jasón ya eran muy fuertes la primera vez que combatimos con ellos. –explicaba Fuji. – Con las runas lo son aún más y aún no estamos a su altura del todo. A ello súmale el misterioso guardaespaldas de Borja que parece ser quien manda sobre ellos dos y precisamente por no mostrar nada especial aún, puede ser muy poderoso también.
– Iya, no te olvide’ de decir que al otro lao tenemo’ a eso’ de Harmonia, abe.
– Sí, será mejor que nos retiremos nosotros también. –Steve les guió para salir de allí.
Tsuyo y Taiki no entendían nada pero estaban muy agradecidos de que hubieran venido.

Por otro lado, Borja y sus súbditos huían hacia el este. Sin embargo un hombre subido a un castaño caballo les llamó la atención. Se trataba de Arkabeko, pero todos se preguntaban quién era.
– ¡Borja, sobrino de mi amigo Rey Thoelm VII, yo soy contra el que tienes que luchar!
– ¡¿Qué habla este viejo?!
Todo iba muy rápido. Arkabeko le lanzó lo que parecía ser una carta que recogió Fernan y se fue. Cada uno siguió por su camino.

El Grupo se fue yendo hacia el sur pasando el puente Thairoths. Muchos se esparcieron para que nadie pudiera seguirles la pista. Todos sabían el destino, así que el rumbo que tomasen en aquellos momentos, era lo de menos.
Por el camino Taiki y Tsuyo fueron puestos al día de las cosas; los planes de su capataz Arkabeko siendo lo esencial de la misión rescatarles a ellos y a los prisioneros.
Dieron con todos los que ambos Goei lograron sacar de allí y, luchando contra el ejército de Borja, lograron reunir a otros prisioneros, pero no todos como ellos habrían querido. Y a pesar de que tenían que retirarse para que el ejército de Harmonia no les bloquease el paso hacia el sur, fue un asalto que les salió bastante bien.

Pasaron varios días cuando al fin llegaron a la villa ‘fantasma’ y todos se reencontraron. Fue entonces cuando, particularmente Tsuyo, recibió varias reprimendas por lo que hizo, pero también se ganó elogios.
Amibe fue uno que se mostró muy molesto y estuvo largo rato gritando a Tsuyo. Ella no le importó aquella bronca, fuera por la razón que fuera, sentía cierta preocupación por ella.

– Tsuyo. –Yenire pudo finalmente reunirse con ella y charlar. – Estos días he sabido porqué hiciste todo eso y cuánto has estado pendiente de mí este tiempo que no nos vemos. De veras, no sé cómo agradecértelo. Pero ten por hecho que tienes todo mi apoyo. –sonrió con dulzura.
– Gracias a ti, Yenire. Por cierto ¿qué hay de toda esa información que quería ese Borja?
– La mejor información está en mi cabeza, y por supuesto no iba a dársela, jeje. Pero si no ha dado con nada, significa que no habrá visto nada del cuarto secreto de mi casa. Para la seguridad de todos, estaría mejor poder quemarlos para no dejar rastro…
– ¿Quemarlos? Pero si todo eso que tienes es el trabajo que ha hecho tu familia durante años… ¿no hay otro modo?
– Cargar con ellos podría ser una opción, pero es demasiado para cualquier persona…
Yenire notó cómo le daban toquecitos en el hombro y se giró; era Fuji.
– Perdona, soy Fuji. Quería comentarte, ya que os he escuchado, que el día que Tsuyo quiso que yo y otros dos buscásemos algo sobre ti; al rato estando en tu casa di con ese sitio secreto, pero me tomé la libertad, intuyendo que era algo muy importante, de hacer que esa entrada no sea tan accesible. –decía orgullosa. – Así que no hay de qué preocuparse.
– ¿Sí? Muchas gracias ¿cómo lo hiciste?
– Fácil, artimañas de Ninja. Y si por un casual alguien da con la entrada e intenta abrirla, activará mi trampa mortal.
Tsuyo y sobretodo Yenire, quedaron paradas.
– ¿Trampa mortal? … Pero… ¿Qué hubiera pasado si yo hubiese vuelto a casa? ¿Has pensado en eso?
– Ui… Pues no… Jajaja, perdona. –comentó Fuji caminando hacia otra dirección y Yenire decidió seguirla.
– Esperaaaa, tienes que hacer algo con esa trampa ¿y si quien cae es alguien inocente que me busca? Ainssss…

– ¿Ves, Erkaitz? Todo va bien si acaba bien. –dijo Arkabeko desde la entrada del escondite viendo cómo todos los suyos estaban allí de nuevo en paz y echándose unas risas. – A Tsuyo y a Taiki no les ha pasado nada y todo ha ido viento en popa.
– Sí… –él suspiró. – Pero ahora, señor Thlege, debemos estar más alertas que nunca. El Rey Borja, sabiendo que hay alguien que se está enfrentando a él, no parará hasta dar con nosotros.
– Lo sé. Asumo la responsabilidad. Pero tarde o temprano esto acabaría pasando.

Cerca de Kwon Ryu, sobre un carruaje, Borja reía gustoso mirando la carta dejando que su perversa mente imaginase situaciones que le gustaría ver si sus planes salieran con éxito."


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¡¡Atención lectores y seguidores!!

¡Pregunta para vosotros!


¿Qué 3 personajes os gustaría que acompañasen a Tsuyo?


Kruma
Mathius
Pietra
Sora


No, esta vez no es por un especial, sino para la historia. Precisamente por eso os hago elegir 3, porque el resto ya tengo en mente quién irá con ella siendo la historia. ^^

Gracias, espero que os haya gustado. =D

P.D - Los personajes a elegir saldrán para el final del siguiente capítulo y me acompañarán durante un tiempecito.



viernes, 6 de mayo de 2011

Firmas #4

Saludos a todos.

Dejo aquí más galería de mis firmas 'no suikonera'.
Creo que por el momento no veréis tantas firmas, porque creo que ya las he expuesto casi todas y la inspiración que me venga me gustaría dedicarla para wallpapers (aunque si me hacen pedidos seguramente haga (risas)).

























jueves, 5 de mayo de 2011

Renders #5

Hola ¿qué tal?

Os dejo con otra ronda de Renders. ^^
Sí, como veis, ando poniendo los que he ido usando para wallpapers.













miércoles, 4 de mayo de 2011

Tests Suikoden

Saludos a todos.

¿Qué, os animáis a hacer tests?

He recopilado los tests que pusimos en Suikocastle hace ya su tiempo y quiero compartirlos con todos, hayan hecho los tests o no.

Yo los hice en su día (y recuerdo que respondía muy emocionada con los resultados (risas). Otras épocas) Pero me animo a hacerlos de nuevo. Con el tiempo pueden cambiar ciertas cosas.

Eso sí, os aviso ya a todo hispanohablante que los tests están en inglés, salvo uno que hizo un amigo.
Así que si alguien quiere hacerlos y no se lleva bien con el idioma, podría usar un traductor para guiarse.

He estado mirando a ver si hay más tests, y los hay, algunos están repetidos incluso. Pero todo lo que se encuentra es en inglés.

Os pongo los tests en orden de entrega, aquellos que no sean de uno en especial, los dejo los últimos.
La mayoría de los tests tienen muchos resultados, hasta 25, siendo el 1o (o los primeros) el que más cuenta, depende del % de la barra. Depende de cada uno pueda darse con casos que tenga los 25 aunque sea muy poquito o que, aunque se vean los 25, la barra sólo indique los 10 primeros.


Tests:


1.Which Suikoden 1 character are you most like?
Qué personaje de Suikoden 1 te pareces.

2.Which Suikoden 1 character are you (for girls)
Qué personaje de Suikoden 1 eres (sólo chicas)

3.Which Suikoden Character are you most compatible with? SI & II
Qué personaje es compatible contigo.

4.The Suikoden Two Character Selector
Selección de personaje de Suikoden II


5.Suikoden II Character Selector

Selección de personaje de Suikoden II (versión 2)

6.Which Genso Suikoden II Character are you?
Qué personaje de Suikoden II eres.

7.Which Suikoden 2 Character Are You?
Qué personaje de Suikoden II eres (versión 2)


8.Suikoden Highland Character Selector

Selección de personaje de Highland (SII)

9.Which Suikoden 3 Star of Destiny are you?
Qué Estrella del Destino de Suikoden 3 eres

10.Which Suikoden 3 Character are you?
Qué personaje de Suikoden III eres

11.Which Suikoden III Male Character are you?
Qué personaje masculino de Suikoden III eres

12.Which Suikoden III character are you?
Qué personaje de Suikoden III eres (versión 2)

13.Which suikoden 3 character are you?[choose wisely]
Qué personaje de Suikoden III eres (versión 3) [elegir sabiamente]

14.Which Suikoden III character are you?
Qué personaje de Suikoden III eres (versión 4)

15.Suikoden III Selector
Selección Suikoden III

16.Which Suikoden IV character are you?
Qué personaje de Suikoden IV eres

17.Which Suikoden V Character are you?
Qué personaje de Suikoden V eres

18.¿Qué personaje de Suikoden V eres?

19.Which Suikoden Villain are you most like?
Qué villano de Suikoden te pareces

20.Which Suikoden 'Hero' Are You?
Qué Heore de Suikoden eres

21.Suikoden Star of Destiny Selector
Selección Estrella del Destino

22.Which Suikoden True Rune Are You Compatible With?
Qué Runa Verdadera de Suikoden es compatible contigo



******************


Mis resultados:

1. Tir McDohl *o* (luego le seguían Viktor, Pahn, Cleo, Flik, Futch, Gremio, Kirkis, Milich, Odessa y Krin).
2. Camille (luego Millia, no me parezco a nadie más)
3. Flik, Freed, Kinnison, Wakaba (todos con la misma puntuación. Luego Ayda, Kasumi, Mukumuku, Hix, Marlowe, Tir, Ronnie Bell, Annallee, Clive, Fusulu, Sasuke, Sheena, Shilo, Tengaar, Luca, Mazus, Simone, Vincent y Zamza (me llevo a todos, jaja))

4. Futch (y punto, jaja)
5. Riou y Stallion (luego el resto: Leknaat, Tir, Nina, Barbara, Luca, Pilica, Sheena, Jowy, Sid, Chaco, Neclord, Shin, Annabelle, Jess, Lowen, Hauser, Bolgan, Nanami, Shu, Flik, Viktor, Gremio, Fitcher.
6. Riou
7. Riou, Apple, Camus y Jowy (luego: Miklotov, Nanami, Valeria, Eilie, Flik, Futch, Kinnison, Millie, Shu, Hix, Ridley, Tengaar, Viktor, Bolgan, Chaco, Rina, Nina)
8. Seed (luego Culgan)

9. Fubar (Jacques y Geddoe)
10. Flame Champion *o* (St Joe, Jeane, Geddoe, Caesar, Hallec, Rody, Lucia, Fred, Hugo, Sarah, Melville, Elder Viki)
11. Hugo *.*
12. Chris (nadie más)
13. Queen (Chris, Percival, Lucia, Leo, Borus, Aila, Geddoe, Yuri, St Joe, Hugo, Jacques, Thomas, Fubar, Joker, Sarah, Melville, Watari, Luc, Ayame, Lulu, Ace, Yuber, Goro, Guallame)
14. Ace (St Joe, Chris, Geddoe, Percival, Hugo, Nash, Salome, Cecile, Leo, Queen, Aila, Jacques, Thomas, Sasarai, Caesar, Borus, Lilly, Sarah, Joker, Luc, Eike, Yuber, Albert, Juan)
15. Percival (Geddoe, Fred, Lucia, Salome, Roland, Borus, Chris, Franz, Hugo, Leo, Mel, Thomas, Dupa, Lulu, Ace, Jacques)

16. Paula (Jewel, Tal, Flare)

17. Freyjadour
18. Freyjadour (otra vez xD)

19. Lucia y Sasarai (Culgan, Han, Jowy, Kasim, Luc, Sonya, Barbarossa, Milich, Solon, Teo McDohl, Agares, Rowd, Seed)
20. Tir McDohl *o*
21. Tentai Star (Chiki, Tenman, Chiaku, Tensui)
22. Bright Shield Rune - Runa Escudo Brillante


P.D -Veo que mucha cosa no me ha cambiado, aunque la última vez en Suikoden V me tocó a Ferid, y en la 20 a Riou.
P.D 2 -Sí, hay varios tests de SIII y del IV sólo uno...
P.D 3 -No hace falta que hagáis todos (risas) sino lo que queráis. :3



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